MIS VINOS Y JAPÓN

De Japón, de su belleza y su arquitectura hay mucho en mis Vinos Bonitos. De su pasión por el detalle, su tiempo pausado, de su avanzar despacio, de no precipitarse, de hacerlo bien. Dirigí mi mirada al corazón del sake -la seda líquida, dicen- buscando su reflejo en la pureza varietal de nuestro albillo real y nuestra garnacha de Gredos en elaboraciones esenciales que exhiben todo aquello que las hace únicas y exclusivas.

He hecho, con las levaduras autóctonas que habitan nuestras viñas, Vinos Bonitos, nítidos y limpios en su apariencia, sutiles y elegantes en sus aromas, y sedosos y suaves en su textura; vinos sutilmente complejos donde la elegancia de la aromática varietal es nítida; vinos frescos y equilibrados, con tan solo recuerdos etéreos y táctiles de unas maderas usadas que no enmascaran los aromas frutales.

En cada botella las tareas han sido lentas, meticulosas y cuidadas, una mezcla de intuición, pasión, arte y técnica guiada por la creatividad: En la viña, labores manuales y exclusivamente ecológicas, podas respetuosas y rendimientos bajísimos de poco más de una botella por cepa, y en la bodega, maceraciones en frío, estabilizaciones naturales, filtrados extremadamente suaves y sulfitados en el límite inferior de su efectividad. El resultado son mis Vinos Bonitos; puedes descargar su historia en formato manga:

GARNACHA

Es mi vino de microparcela de garnacha,  variedad endémica de la sierra de Gredos, que nace en una viña de 0,38 ha fresca, de montaña, barrida por el viento, con viñas viejas de más de 85 años sobre suelos de arenas graníticas de las estribaciones orientales de Gredos a 750 m de altitud y orientación norte.

Tienen un rendimiento de 1 botella por cepa, porque busco concentración, y vendimiamos antes de que salga el sol, a mano, en cajas de 11 kg.

La fermentación arranca con levaduras indígenas de forma espontánea, lentamente y con muy suaves remontados a muy baja temperatura y con un sulfitado mínimo.

Hago una maceración prefermentativa en frío durante 48 horas para preservar los sutilísimos aromas varietales de la garnacha de Gredos. El vino hace su conversión maloláctica espontánea en barrica durante tres meses.

El filtrado es muy suave, para no perder propiedades organolépticas con posterior estabilización natural por frío durante 1 mes, por eso puede presentar algunos precipitados.

Permanece varios meses en barrica de roble francés usado de 500 l para, finalmente,  madurar en botella durante un mínimo de 12 meses.

ALBILLO REAL

Es mi vino de microparcela de albillo real, variedad exclusiva de San Martín de Valdeiglesias, que procede de una pequeña viña de 0,75 ha  con viñas viejas de más de 140 años en suelos de arenas graníticas de las estribaciones orientales de Gredos a una altura de 840 m con orientaciones norte y sureste.

Con un rendimiento de solo 1,5 botellas por cepa, vendimiamos al amanecer, a mano -así lo hacemos todo en los vinos bonitos- y en cajas de 11 kg.

Tras una maceración prefermentativa en frío de 48 horas, con la que busco preservar los sutilísimos aromas varietales del albillo real, después, mi albillo real fermenta espontánea y lentamente a muy baja temperatura con sus levaduras indígenas, y con un sulfitado mínimo.

Después de estabilizarlo de forma natural por frío durante varios meses, para poder preservar su complejidad aromática hago un filtrado muy suave, por eso puede mostrar precipitados.

Finalmente, pasa por una crianza de varios meses en barrica de roble francés de 500 l .y varios usos, para terminar madurando en botella durante, al menos, 12 meses.