Bodeguero en Gredos y doctor arquitecto, mi vida se ha diseñado en torno a la pasión por la belleza y la pulsión creativa, allí donde reside el alma de mis Vinos Bonitos, aquella que los hace especiales.

De Dalí recogí que «Un gran vino requiere un loco para hacerlo crecer, un hombre sabio para velar por él, un poeta lúcido para elaborarlo, y un amante que lo entienda.»

En Los Vinos Bonitos está mi personalidad creativa y una historia de vinos de detalle que nace de la visita en una fría y soleada mañana de diciembre a recoger el relevo emocional de unas viñas familiares de más de ochenta y cinco años a punto de perderse en el olvido dentro de un paraje maravilloso de las faldas orientales de la Sierra de Gredos. Allí, con el tiempo, alzando la vista y llevando los pasos más allá de sus lindes, comencé a conocer el valle, su orografía, su clima y sus gentes; y muy pronto me encontré, asombrado, con unos suelos y unas uvas exclusivas, los mejores, aquellos capaces de convertirse en alma de unos vinos únicos.

De la arquitectura traje la creatividad y las miradas lejanas, viajeras y abiertas que guían el trabajo pausado de esculpir y cuidar las viñas donde, en realidad, se hacen mis Vinos Bonitos, y de buscar la sutileza en su elaboración. El impulso de la pasión creativa, el fluir del arte y escuchar el latido de la naturaleza hacen el resto para, con los colores y los olores que las viñas nos ofrecen, elaborarlos.

RAÚL ORTEGA