MIS VINOS Y JAPÓN

Mis vinos nacen de un impulso pasional sostenido en la creatividad, la belleza, la arquitectura, el arte y en la cultura japonesa. Con mis vinos he dirigido mi mirada hacia su pasión por el detalle, su tiempo pausado, su avanzar despacio, el no precipitarse, hacerlo bien, y he buscado trasladar su reflejo a la pureza varietal de nuestro albillo real y nuestra garnacha de Gredos en elaboraciones esenciales que exhiben todo aquello que las hace únicas y exclusivas.

Con las levaduras autóctonas que habitan nuestras viñas, hago Vinos Bonitos, nítidos y limpios en su apariencia, sutiles y elegantes en sus aromas, y sedosos y suaves en su textura; vinos sutilmente complejos donde la elegancia de la aromática varietal es nítida; vinos frescos y equilibrados, con tan solo recuerdos etéreos y táctiles de unas maderas usadas que no enmascaran los aromas frutales.

En cada botella las tareas han sido lentas, meticulosas y cuidadas, una mezcla de intuición, pasión, arte y técnica guiada por la creatividad: En la viña, labores manuales y exclusivamente ecológicas, podas respetuosas y rendimientos bajísimos. El resultado son mis Vinos Bonitos; puedes descargar su historia en formato manga:

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TAME-NURI | GARNACHA

A lo largo de muchos años, viví un tiempo de viajes maravillosos en la búsqueda de las texturas y los colores de la arquitectura, el diseño y el arte. Viajes en la intimidad, casi sensual, con los objetos que me daba mi vida como Arquitecto a través del tacto y la vista. Texturas y colores que eran siempre diferentes en su respuesta la luz o a la penumbra que las envolviese.

Uno de ellos me llevó hasta la puerta de una diminuta tienda de artesanía en Takayama. Allí descubrí, impactado, unos objetos pequeños, de rojos infinitos, y de una suavidad y ligereza casi etéreas en los que la luz entraba diluyéndose hacia su interior. Eran cuencos tame-nuri, la esencia del refinamiento en la artesanía de las lacas japonesas; objetos elaborados, como años más tarde supe, mediante finísimas capas de laca de una asombrosa transparencia, que adquieren profundidad con el paso del tiempo y su exposición al aire que los rodea.

Hoy, esa fascinación ha dado origen a tame-nuri, mi vino de microparcela de garnacha de tacto sedoso y colores sutiles que dialogan con las luces tenues exhibiendo un alma, también, de capas de intensa y creciente profundidad.

KINTSUGI | ALBILLO REAL

En la suave penumbra de un viejo taller del corazón de ese Madrid que todavía conserva su arquitectura de angostas calles, me inicié, de la mano de una joven artista, en el arte del Kintsugi.

Durante tres días pude ver, y lograr con técnicas ancestrales, lentas y precisas, cómo platos de cerámica fracturados en pedazos, cobraban nueva vida. Era el milagro del polvo de oro sobre la laca urushi. El arte maravilloso que volvía a unir los fragmentos para hacer visible la historia de cada pieza celebrando la fractura y la singularidad del objeto único, haciendo valiosa la imperfección y ensalzándola a través de destellos de apariencia frágil y tacto sedoso.

El paso de los años terminó por devolver la emoción de aquellos días, y de los otros muchos que siguieron después, hasta mi forma de entender mi vino blanco con esa misma pasión por la belleza de lo singular. De aquello que no necesita parecerse a nada más. Como el oro sobre la cerámica de aquellas piezas, imperfectas, emocionantes y únicas, mi Kintsugi albillo real de microparcela desvela su propio origen, su tiempo y su personalidad a través de la sutileza de su textura y de sus brillos.