LAS PERSONAS

De mi padre y de mi tío he recogido el testigo vital y honesto de sus románticas elaboraciones de garaje hechas durante décadas con poco más que cariño, sencillez y pasión.

Pero, además, he tenido la suerte de contar con personas que en cada botella de Los Vinos Bonitos han aportado lo mejor de sí mismas, de su trabajo minucioso, dedicación, pasión y tiempo, ese que busco sea siempre lento. Los Vinos Bonitos son viñas, suelos y climas; pero, por encima de todo, personas.

Personas éstas, que son brillantes en lo suyo; Carlos, Jesús y Omar me apoyan con sus cuidados de las viñas; Julita, con su sensibilidad de artista floral, me asiste en mis diseños de etiquetas; y, por supuesto, Rafa, de Tierra Calma, amigo y referente esencial que tanto recuerda a aquellos maestros que marcaron mi aprendizaje en la arquitectura.

Pero, sobre todo, Isa, que creó, desde la intuición, la pasión y el cariño nuestra maravillosa rosa negra, que hace cada día un acto de fe con su apoyo y lucidez crítica sin los que Los Vinos Bonitos no hubiesen sido posibles; y, al final, alguien muy pequeño, que levanta del suelo apenas lo que una de mis cepas de albillo real, aporta la imprescindible fracción de osadía, inocencia e irresponsabilidad sin las cuales, decía Saramago, en muchas ocasiones no hubiese dado el siguiente paso.